¿Cómo llenar el espacio que ocupan las drogas? Con baile
INTERNACIONAL, 1 DE JULIO.-
Kuhamahama es un proyecto de danza nómada que se expande por todo Uganda y que permite a los jóvenes marginados tener una motivación y un sustento económico para salir adelante
En Uganda, la danza es el núcleo de la transformación de la juventud y del servicio comunitario desde hace un tiempo. En 2017, un grupo de muchachos de la capital, Kampala, comenzaron a utilizar su talento para ayudar a personas de su edad que luchaban contra las drogas y el desempleo. Así crearon Kuhamahama, que significa movimiento de danza nómada.
Lo que convierte a este proyecto en único en su género es que opera en todo el país, y particularmente en zonas rurales. Desde su nacimiento, la iniciativa ha recorrido más de 80 aldeas en el este y el norte de Uganda. Una de las razones de su éxito es que los organizadores incorporan bailes tradicionales de cada región en los estilos que se enseñan, fusionando el baile con mensajes sobre problemáticas de actualidad de las zonas que visitan.
Joyce Driciru (nombre ficticio), de 21 años, vive en Maracha, en la región del Nilo Occidental, y cuenta que estaba tan enganchada a las drogas que su familia la había abandonado. «También tenía que cuidar a un niño pequeño. Estaba tan desesperada que usé la droga como un escape», recuerda. Cuando el grupo de danza Kuhamahama visitó su pueblo, asistió al primer taller, donde los jóvenes de la zona hablaron sobre sus problemas. Escuchar a otros compartir historias similares a la suya, la animó a regresar al día siguiente. «En ese taller me di cuenta de que, incluso siendo madre soltera, podría tener éxito en cualquier cosa que me propusiera», cuenta Driciru.
Al comenzar los ensayos, se sumó al grupo. La chica encontró así una forma de canalizar sus emociones y de lidiar con sus problemas,
o que le ha permitido dejar las drogas. Hoy dirige su propio grupo de baile.
Kuhamahama les pide a los diferentes grupos que elaboren una coreografía de baile basada en una historia o tema local, que más tarde interpretarán en publico, en colaboración con bailarines, organizaciones y escuelas locales. Estos se convierten en parte de la red que permite que la iniciativa encuentre nuevas oportunidades en la zona. Entre los grupos existe una sana competencia. Se realiza un seguimiento del progreso de cada uno, y aquellos más sobresalientes se presentan en el festival anual de danza de Batalo Este, un evento popular con premios para los mejores bailarines, donde los participantes pueden aprender nuevas técnicas de baile de los demás.
De la escuela, a beber
Tras abandonar la escuela, donde le gustaba bailar, Anthony Hanyerere pasaba sus días bebiendo con amigos, en el distrito de Butaleja al este de Uganda. Cuando uno de los grupos de Kuhamahama visitó Butaleja, asistió a los talleres, y ahora supervisa un grupo de danza local. Hanyerere emplea a unos 20 jóvenes que bailan en su mayoría ritmos tradicionales populares en el este de Uganda. El grupo gana dinero actuando en diferentes eventos en todo el país y apareciendo en videos musicales. Cada concierto les deja aproximadamente 565.000 chelines ugandeses (alrededor de 140 euros). «En un mes, ganamos por lo menos 860 dólares (755 euros), que repartimos entre nosotros al final del mes», señala Hanyerere.
Esto les ha permitido adquirir una independencia financiera que antes no tenían. Cuando cuentan sus historias en talleres en otras zonas rurales, los jóvenes que se sienten identificados no tardan en unírseles. Douglas Benda Kasule, profesor de teatro e investigador de arte en Kampala, dice que los beneficios del baile (más allá del deporte) han sido pasados por alto durante años, pero que cada vez más gente está tomando consciencia de su poder para cambiar la sociedad. «He estado siguiendo el proyecto de Kuhamahama y me parece un enfoque multibeneficio, en el que no solo se ayuda a los jóvenes a cambiar su forma de pensar, sino también a crear sus propios empleos y a salir de la pobreza», explica Kasule.
Kuhamahama les pide a los diferentes grupos que elaboren una coreografía de baile basada en una historia o tema local, que más tarde interpretarán en publico, en colaboración con bailarines, organizaciones y escuelas locales. Estos se convierten en parte de la red que permite que la iniciativa encuentre nuevas oportunidades en la zona. Entre los grupos existe una sana competencia. Se realiza un seguimiento del progreso de cada uno, y aquellos más sobresalientes se presentan en el festival anual de danza de Batalo Este, un evento popular con premios para los mejores bailarines, donde los participantes pueden aprender nuevas técnicas de baile de los demás.
De la escuela, a beber
Tras abandonar la escuela, donde le gustaba bailar, Anthony Hanyerere pasaba sus días bebiendo con amigos, en el distrito de Butaleja al este de Uganda. Cuando uno de los grupos de Kuhamahama visitó Butaleja, asistió a los talleres, y ahora supervisa un grupo de danza local. Hanyerere emplea a unos 20 jóvenes que bailan en su mayoría ritmos tradicionales populares en el este de Uganda. El grupo gana dinero actuando en diferentes eventos en todo el país y apareciendo en videos musicales. Cada concierto les deja aproximadamente 565.000 chelines ugandeses (alrededor de 140 euros). «En un mes, ganamos por lo menos 860 dólares (755 euros), que repartimos entre nosotros al final del mes», señala Hanyerere.
Esto les ha permitido adquirir una independencia financiera que antes no tenían. Cuando cuentan sus historias en talleres en otras zonas rurales, los jóvenes que se sienten identificados no tardan en unírseles. Douglas Benda Kasule, profesor de teatro e investigador de arte en Kampala, dice que los beneficios del baile (más allá del deporte) han sido pasados por alto durante años, pero que cada vez más gente está tomando consciencia de su poder para cambiar la sociedad. «He estado siguiendo el proyecto de Kuhamahama y me parece un enfoque multibeneficio, en el que no solo se ayuda a los jóvenes a cambiar su forma de pensar, sino también a crear sus propios empleos y a salir de la pobreza», explica Kasule.
Los integrantes también invitan incluso a la policía a participar en sus talleres y eventos. Abdul Kinyenya, miembro del proyecto, explica que el objetivo es ilustrar que la delincuencia puede frenarse si la juventud están ocupados y desalentados para consumir drogas. En general, estas cuestiones sociales en Uganda las abordan las ONG, cuyas iniciativas no siempre están dirigidas a los jóvenes. La danza, y las artes en general, reciben poca financiación del gobierno, y se perciben como pasatiempos paralelos a los estudios más serios. Proyectos como el de Kuhamahama son propuestas para la juventud que permiten conjugar la ocupación con algo que resulta divertido.
De momento, la iniciativa ha llegado a más de 25.000 jóvenes, 60 de los cuales han formado sus propios grupos de baile. Según el coordinador del proyecto, Abdul Kinyenya, el objetivo es ayudar a un millón de jóvenes a salir de las drogas y otros problemas sociales, restaurar los bailes tradicionales regionales y ayudar a la gente a ganarse la vida con una carrera en la danza.

